
Digo, desconocido
porque no estuve por tu casa, ni en tus clases,
ni en la siembra de rostros con tu música
ni en los arreboles numerados de tus temas;
solo tu sombra,
me llega al oído en un sonido de asfixia
lo que se habrá sentido cuando la sangre huye
tras el rapto de la bala;
lo que lleva la frente, consigo,
aún sin la madurez de tus calendarios
la sorda noche
donde acabas amordazado.
Me puse a llorar de rabia
y maldije a tus asesinos, quise tener las armas,
y el carrete donde hace la pólvora, su aguacero;
más el odio no fue suficiente,
tampoco la flor roja que dejaste bajo la boca,
y la gente que te amaba, que desde ahora,
han roto sus espejos en la isla de tu llanto.
Maestro desconocido,
sin edad, ni niebla
de piel intacta, y amor que fulgura
como palabra al cuerpo del día,
permite este brindis
de lo imposible,
en la gloria de tu vida.
Marioantonio Rosa.© 2016
No hay comentarios.:
Publicar un comentario